7 de marzo de 2006
Cientos de mujeres jóvenes
son condenadas en Ciudad de la Habana, de modo injusto y
arbitrario, con penas hasta de cuatro años de privación de
libertad, por el delito de "peligrosidad social".
Oficiales del departamento
"Lacra Social", del ministerio del interior, se dedican a la
pesca de chicas en la calle, por lo general, negras, humildes y
sin influencias que las amparen; las arrestan y conducen para
"Villa Delicia" (prisión depósito donde las ubican en espera de
sanción), en cuestión de pocos días las procesan en juicios
sumarios y luego las confinan en los Centros de Detención y
Rehabilitación de Prostitutas.
El arresto en la vía
pública de muchachas se debe, entre otras razones, por vestir
ropas cortas y ajustadas al cuerpo, visitar centros de consumo
en moneda convertible, andar solas o sin la compañía de hombres
y merodear las cercanías de lugares turísticos. En ocasiones,
los del "Lacra" utilizan de señuelo supuestos extranjeros que
abordan a las víctimas, entablan cualquier conversación con
ellas y, acto seguido, agentes de civil las detienen por "asedio
a turistas".
Es frecuente que los
oficiales negocien con las detenidas posibles soluciones para
dejarlas en libertad. Las opciones consisten en propuestas
sexuales o el pago de sumas de dinero, entre 100 y 150 dólares.
A quienes se niegan a tener sexo bajo coacción o a pagar el
soborno exigido, las instruyen de cargos o las obligan a firmar
cartas de advertencias que representan pruebas incriminatorias a
la hora de procesarlas.
Las recluidas en Villa
Delicia son presentadas en los tribunales pocos días después del
arresto y sometidas a procesos judiciales carentes de las
debidas garantías. La Fiscalía basa sus condenas en informes
relacionados con conducta social inadecuada de las encauzadas,
elaborados por las "comisiones de prevención" (integradas por el
jefe de sector de la policía y los factores de la comunidad).
Resulta difícil encontrar
abogados con disposición de asumir el rol de la defensa en esas
situaciones, pues como es conocido la acusación en los casos de
"peligrosidad social" responde a una política represiva del
gobierno dirigida a encarcelar en masas y no hay posibilidad de
modificar la sentencia concebida con anterioridad a la
celebración de la vista oral.
En la Habana existen dos
Centros de Detención y Rehabilitación de Prostitutas, "Flor de
Cuba"y "La Flora", ubicados en la periferia de Guira de Melena y
Alquizar respectivamente. Ambos albergan una población penal por
encima de sus capacidades. Las precarias condiciones y el rigor
disciplinario en esas cárceles adopta formas de trato cruel,
inhumano y degradante.
Las reclusas son
confinadas en barracas construidas con paredes de bloques y
techos de fibras de asbesto cemento, que desprenden un frío
intenso en el invierno y un calor excesivo durante el verano,
provistas de turcos tipo letrinas como instalaciones sanitarias,
y alambradas de púas en los perímetros. La alimentación que les
brindan no satisface los requisitos mínimos para garantizar la
conservación de la salud; la comida es escasa, mal elaborada y
sin valor nutritivo, solo les aportan proteínas en dos ocasiones
al mes.
Las obligan a realizar
trabajos forzados, nocivos para la salud, en actividades
agrícolas durante ocho horas diarias y sin remuneración
económica. No disponen de programas recreativos para pasar el
tiempo de ocio.
El contacto con el mundo
exterior consiste en una visita familiar de tres horas
quincenales, y la asignación de un pase de dos días al mes,
condicionado al cumplimiento del férreo régimen establecido, así
como a la acumulación de horas extras de trabajo voluntario.
Además, no tienen autorizadas visitas conyugales y, por tanto,
carecen de la posibilidad de algún tiempo de intimidad con sus
parejas.
Los carceleros de ambos
sexos acostumbran a provocarlas y ofenderlas constantemente y
cuando protestan adoptan medidas de castigo que incluyen la
suspensión del pase o la visita y hasta la perdida de beneficios
como la libertad condicional.
En la actualidad el número
de presas es alrededor de tres cientos en cada una de esas
prisiones y conviven hacinadas por lo reducido del espacio. El
agua disponible tiene muy mala calidad y genera frecuentes
brotes de enfermedades como: cuadros diarreicos, infecciones
vaginales, parasitismos, y dermatitis. También corren el riesgo
de contraer otras enfermedades transmisibles por la pésima
higiene y la proliferación de vectores en esos lugares.
El cuidado de la salud de
las que enferman no está garantizado, en ese sentido, los
puestos médicos de los penales carecen de equipos elementales y
de medicamentos básicos para ofrecerles una asistencia médica
adecuada.
Elia Vidal Pérez, de 34
años, es una de las jóvenes que cumplen prisión por el "delito"
de peligrosidad social, separada de modo abrupto de su esposo y
dos hijos menores de edad.
El día 22 de Enero de
2006, sobre las 8:00 de la noche, estaba en la parada de ómnibus
de 23 y L, en el Vedado, cuando cuatro hombres con aspecto de
extranjeros se le acercaron e hicieron algunas preguntas en
inglés. Se marcharon y entonces aparecieron varios oficiales del
Lacra, y la arrestaron por estar vestida con saya corta y
conversar con "turistas".
En la unidad policial de
Zapata y C la presionaron para que confesara que se dedicaba a
la prostitución. Le prometieron que si colaboraba le darían la
oportunidad de llamar a su casa y de ver a los niños. Como se
negó la metieron en el calabozo y posteriormente la trasladaron
a Villa Delicia.
La sancionaron a tres años
de privación de libertad el 1 de Febrero, en el tribunal
municipal de Playa. En el informe de la comisión de prevención
presentado en su contra, se expuso que Vidal Pérez vive con
lujos y riquezas, sus amistades son elementos antisociales, ha
incurrido en escándalos y desórdenes públicos, y llega a su casa
a altas horas de la noche.
Sin embargo, en
verificación realizada con el presidente del comité de defensa
de la revolución (CDR) y otros factores de su localidad,
aseguran que la Sra. Pérez es una persona honrada y respetuosa
con los vecinos, la familia vive de modo humilde por los escasos
recursos conque cuentan, la casa está inhabitable por el marcado
deterioro, y los únicos bienes que posee son un bombillo, tres
sillas de hierro y una cama inventada, no tienen siquiera
refrigerador o televisor.
Otras veinte y seis
mujeres fueron procesadas ese día en el tribunal de Playa, diez
y ocho resultaron sancionadas a privación de libertad y a varias
de las restantes las condenaron a prisión domiciliaria.
Yosdalia Ramírez fue una
de las pocas absueltas. Los del Lacra la arrestaron a la salida
del Castillo de Farnet, en la Habana Vieja, donde había estado
tomándose un refresco. La recluyeron en Villa Delicia por dos
semanas sin tomar en consideración su niña pequeña de meses y
que está casada desde hace un año con Jonathan, ciudadano inglés
que, como es lógico, le da los dólares para que pueda acceder a
los lugares de consumo en moneda convertible.
El miedo domina la vida de
gran cantidad de mujeres en la Capital Habanera y otras
provincias del país, incluso algunas se cohíben de salir de sus
hogares para no ser arrestadas sin motivos. Mientras, se rumora
que obreros de la construcción tienen la tarea de trabajar
arduamente para entregar, a lo máximo en tres meses, una nueva
prisión en el poblado de Calderón, carretera de Alquizar, con
capacidad para miles de encauzadas por peligrosidad.