Ayer, después de 27 años, el Instituto de
Zoonosis Luis Pasteur confirmó que el gato de un adolescente
de 15 años, que murió el domingo anterior, estaba infectado
de rabia.
Ahora, el chico, sus padres y el
veterinario que atendió a la mascota -todos ellos, mordidos
por el animal- están en observación y son sometidos a un
tratamiento a fin de evitar el contagio, según informó ayer
Oscar Lencinas, director del Instituto Pasteur.
La noticia movilizó la alerta sanitaria
ya que, si bien se trata del primer caso que se registra en
mascotas domésticas desde agosto de 1981, en la ciudad hay
unos 190.000 perros y gatos que aún no están vacunados y que
podrían estar en riesgo o poner en riesgo a sus dueños.
Ante esta situación, el gobierno de la
ciudad, el fin de semana último lanzó una campaña de
vacunación y de difusión de los síntomas de la enfermedad en
Caballito y Almagro, barrio en que vivía el gato infectado.
Se instalaron postas de vacunación antirrábica en las
esquinas de Yatay y Yerbal, y de las avenidas Rivadavia y La
Plata.
También se colocó una en Yatay 50, justo
frente al edificio en el que vivía el gato infectado. En
total, se les aplicó la vacuna a 380 perros y a 157 gatos.
El próximo paso, explicó Lencinas, será detectar de dónde
contrajo la enfermedad el gato: si fue de otra mascota o de
un murciélago. Mañana, un estudio demostrará de qué tipo de
virus se trata.
"La gente cree que en Buenos Aires la
rabia fue erradicada, pero está sólo controlada", explica
Lencinas. Esto, mientras el 95% de las mascotas sean
vacunadas todos los años. Sin embargo, según agrega el
director del Pasteur, hoy cerca del 30% de los 632.688
perros y gatos que hay en la ciudad no tienen la vacunación
al día.
Para los próximos días, el Instituto
Pasteur diseñó una serie de acciones que incluyen una
reunión con todos los veterinarios de Almagro y Caballito,
charlas de concientización en los colegios cercanos y la
detección de colonias de murciélagos infectados.
El gato que contrajo rabia se llamaba
Sasha. El 15 de marzo último, su dueño lo vio en la terraza
jugando con el otro gato de la familia y con un murciélago.
Le avisó a su papá, y éste le indicó que hiciera que las
mascotas entraran en la casa. Pero Sasha se quiso quedar y
el chico lo dejó.
Unos 15 días más tarde, la familia
comenzó a notar que Sasha estaba raro, como decaído; que se
escondía y estaba nervioso. El 2 de abril lo llevaron a una
veterinaria de urgencia y al día siguiente, al veterinario
que siempre lo atendía. El hombre notó que los síntomas eran
contradictorios; lo derivó y un tercer veterinario resolvió
internarlo en una clínica. En esos días, el felino mordió a
las citadas cuatro personas.
El gato falleció al día siguiente y las
autoridades de la clínica dieron parte al Pasteur. Allí,
cuando realizaron las pruebas confirmaron que el animal
estaba infectado. Ayer, otra prueba lo confirmó. Se inoculó
con el virus a un ratón y éste también contrajo la
enfermedad.