JUAN
ARIAS - Río de
Janeiro - 20/03/2008
Río de Janeiro, centro del turismo internacional y nacional,
es escenario de una epidemia de dengue, según ha afirmado
Roberto Medronho, del Núcleo de Salud Colectiva de la
Universidad Federal de Río de Janeiro (UERJ). En lo que va
de año y hasta la semana pasada se han registrado 23.294
casos en ese Estado brasileño, con 33 víctimas mortales,
cifra superior a las 30 registradas en todo el año 2007. La
media de casos por día es de 900 infestados, aunque el
martes fueron registrados 1.100 casos.
El Estado de Río de Janeiro pidió ayer al Ejército y a los
hospitales universitarios que cedan camas para atender a los
centenares de enfermos. Sin embargo, según las autoridades
sanitarias de Río, “aún no se puede hablar de epidemia”, y
el alcalde, Cesar Maia, afirmó el martes que el mayor número
de casos se registró en enero.
A pesar de estas declaraciones, la población está asustada,
porque la mayoría de las víctimas mortales son niños y
adolescentes aquejados de dengue hemorrágico, que llega,
generalmente, tras una segunda contaminación. Lo que más
preocupa a los ciudadanos es la noticia, aparecida en la
prensa local, de que se están encontrando larvas del
mosquito Aedes aegypti en agua sucia, mientras que en el
pasado el transmisor del dengue se reproducía sólo en aguas
limpias estancadas. Otra mala noticia es que el mosquito,
que antes sólo picaba de día, ha empezado a picar también de
noche.
Los hospitales de Rio están abarrotados. En algunos de ellos,
como en el de Salgado Filho, en el barrio Meier, fueron
desocupados dos pisos para hospitalizar a niños infectados
de dengue. Las autoridades sanitarias aseguran que han
aumentado el número de médicos y de centros de análisis
clínicos para diagnosticar la enfermedad. En algunos
hospitales, los casos de dengue hemorrágico alcanzan a un
20% de los afectados.
Los expertos debaten por qué esta enfermedad ha golpeado a
Río con mucha más fuerza que a otras ciudades del país. Al
parecer, la incidencia de dengue es mucho menor en ciudades
donde se previene la enfermedad a través de visitas
periódicas a las casas por parte de equipos dedicados
exclusivamente a ello. En Río, faltan esos equipos o no son
suficientes para una ciudad de cerca de diez millones de
habitantes, más de uno de ellos en las favelas. La
prevención debe desarrollarse, dicen los especialistas,
durante todo el año y no sólo cuando llega la epidemia.